sábado, 5 de mayo de 2018

Conjugar




Conjugar la vida con la muerte,
el sonido con el silencio,
el destino con la suerte,
lo que pienso con lo que siento...
Conjugar tu boca con mi beso,
tus manos con mis caricias,
tu deseo con mis ansias,
tus anhelos con mis sueños...
Conjugar el camino con el andar
el sendero con las huellas,
la incertidumbre con la fe,
la alegría con la querella...
Aunar el corazón con el cuerpo,
la piel con el cerebro,
la dilación con el momento,
¡y llevar adherido al alma, el ensueño!...

Paula

Es necesario apreciar



Es necesario apreciar el color en las cosas:
¡prodigio de prodigios, la variedad es hermosa!
Y si miras el torrente de charcos de la vida,
la encuentras empozada a la vuelta de la esquina.
...Y es que en todo se expresa magníficamente
su gran diversidad, sus túneles de euforia y tristeza,
y hallamos prendida hasta en la pena la grandeza,
y en el dolor, a veces encontramos, un trozo de belleza..


Paula

viernes, 4 de mayo de 2018

Malvín está húmedo



Malvín está húmedo, rebosante de agua en los recobecos de las calles, y en los pocitos entre las baldosas en las veredas; los árboles dejan caer grandes gotas frías sobre el suelo y sobre los que pasan, y el aire lleno de lluvia es una mezcla del salobre del mar y el verdor de los jardines, una mezcla aromática de gustos y colores.
Al caminar no se presencia sino un desfile de luces que aclaran el cielo y de sombras que vuelven a oscurecerlo, una cuna y una tumba para un día que no nace del todo y ya se está muriendo.
Llevo atado a mi entraña un extraño sentimiento: ¿será el día o seré yo?
¿Quién se está lloviendo tan pausadamente que se diluye entre las cosas que pueblan este mundo de formas?
No lo sé, no logro entenderlo. De pronto me siento enredada en las ráfagas del viento. Yo misma me siento ráfaga, me siento parte de esta humedad, y de este silencio. Yo misma me siento llover e inundar con mi etérea presencia esos mismos pozos en las baldosas picadas, y en las calles saladas y arenosas.
Yo misma me siento mar loco, desbordado, desquiciado de tanto mecerse.
En mi entraña de mujer, no siento sino al mar. En lo más íntimo de mis formas, no siento sino esfumarse con voluptuosidad, todo lo que me hace deshacerme en caricias e integrarme en la comunión de los cuerpos: YA NO HAY MUJER SINO UN INMENSO ESPACIO QUE COMULGA CON EL VIENTO.
Malvín me duele en la piel, ¿o soy yo el dolor en la piel de Malvín?
No lo sé, estoy integrada a otra piel, a la de ese viento, y mi cuerpo sedoso e inmenso, toca con manos húmedas los rostros tibios y los pies fríos de los que pasan corriendo.
Entre las sombras extrañas que se dibujan cuando un trozo de sol recorta las nubes, veo sin poder entender, que una va adherida a mis talones, y entonces un golpe, que marea mi estómago, me comprime como en una homotecia para que vuelva a caber dentro de un cuerpo tan pequeño.
...Todo se escapa, y mi mente enorme deja de comprender las formas octaédricas de las gotas de lluvia, los principios de la física que las hacen caer y desperdigarse; dejan mis ojos de ver las partículas en las gotas, el polen suspendido en el aire, la ceniza que vuela desde una ventana y recorre grandes distancias para poco a poco ir desintegrándose, el insecto absurdo que mastica las hojas; dejan mis oídos de escuchar como se acercan las olas a la playa o el sonido de las nubes al alejarse ...
Vuelvo a ser yo caminando por Malvín, y el dolor vuelve a ser mío.
Como en una disección, siento entonces, que mi alma se desgarra del alma del viento.


Paula

El Sweater



Cuando tenía 18 años estaba muy enamorada de uno de mis mejores amigos. Nos quedábamos horas hablando en el jardín durante la madrugada, el fumaba su cigarro, yo sacudía mi llave y el tiempo se esfumaba entre nosotros.
Tantas veces acabamos acostados en el pasto húmedo mirando estrellas y hablando de cualquier tema...
Recuerdo de él algo muy especial: Su perfume.
En realidad yo me enamoré antes de su perfume que de él.
Olía tan bien, tan suave, que sentía el impulso de abrazarlo, pero no podía hacerlo ¡eramos apenas amigos!
Una noche de mucho calor se quitó el sweater de abrigo y lo apoyó sobre una silla mientras conversábamos sentados en el pasto.
Yo sentía sed, así que decidí ir por agua...
pero cuando pasé junto al sweater fue inevitable que lo tomara, y lo llevara conmigo hacia la casa. Mi amigo no lo notó.
Entonces, ya a solas con el abrigo en mis manos lo abracé sintiendo su perfume.
Un mareo golpéó mi entraña ¡cuánto amaba a ese joven!
Sin pensarlo lo guarde en mi armario.
Él se fue tarde sin siquiera recordar el sweater que días después se quejaba de no encontrar.
LO ROBÉ, ME ROBÉ A MI AMOR EN SU SWEATER y preservé su aroma hasta que el tiempo lo desgastó igual que nuestra amistad.
Recuerdo que cada vez que lo extrañaba, cada vez que me carcomía el alma el sentimiento, callaba y dormía abrazada al sweater...
Así de a poco el tiempo nos alejó, la distancia hermética hizo su trabajo, y el sweater desgastado yace aún en algún rincón, pero de mi alma...

Paula

Esta tarde estoy desleída




Esta tarde estoy desleída entre mis pensamientos. No encuentro el punto exacto dónde detenerme, estoy casi perdida en mi letargo. La luz que palidece en la transparencia del cielo, parece acompañar esta especie de ensueño.
Me encuentro cansada de andar divagando, construyendo en la mente millones de historias: dialogando mis voces las unas con las otras... y yo en medio de ese gran debate o ese pequeño intercambio, según sea.
Desleída me acerco a contemplar los árboles que el verano viste con robustez, me alcanzan los aromas de los jardines, y me desprendo en átomos sobre el alfeizar: tan etérea, tan etérea es mi alma...
Una manita chiquita, se posa sobre mi hombro, y me vuelvo con la boca prendida en una sonrisa: mi hijo corre y salta, mientras, mi mente loca vuela entre sus movimientos rápidos y el añil profundo del horizonte.
¡Cuán extraña es la mezcla de la realidad y el pensamiento vago!


Paula

Embrujo



Esta noche es un embrujo mi silencio,
pareciera hecho de cera, de mármol, de fuego...
Me quema por dentro como un comedor de entrañas,
y por fuera, como una caricia impía, me araña.
Esta noche es un milagro mi silencio
cuando dentro de mi boca germinan las palabras:
en enredaderas de sinsentidos crónicos o absurdos
se pierden con locura de mujeres ermitañas.
¡Mis palabras que nunca emergen hacia la luz
para gritar un nombre, un llamado, o una perdición!
Prefiero perderme en el dolor expulsado de mi plexo
que ahogada ir muriendo poco a poco con mi cruz.
¡Esta noche me has venido a buscar!
Tu cuerpo desollado en un jardín de piel suavísima.
Se me escapan los sueños de las manos
tratando en vano de rozar tus labios con una caricia
o de desarmarte en sollozos frente a mi cuerpo.
.... tanto, tanto llevo dentro atrapado:
fuentes eternas de cosas que nunca he dicho,
lirios benditos: tus camisas blancas en mi memoria
y tus brazos pálidos sosteniendo los míos.
... ¡Tan torpemente me has sostenido
cuando yo hubiera querido devorarte en un abrazo!
Tú pasabas obsequiándome tu mejilla contra la mía
y el morbo extraño de un secreto que sabré algún día.
Tanto, tanto me deshago por tus tristezas y por tus alegrías:
¡hombre, el cielo es cielo cuando tu fulguras en su día!
La noche no es más que una sombra que te envuelve
y me arropa en el frío oscuro de tu ausencia eterna.
Me vela, cual una lámpara piadosa, sólo y únicamente el recuerdo:
aquella tiniebla confusa donde un día creí ver nuestros corazones abiertos.




Paula

jueves, 3 de mayo de 2018

Yo necesito decirte

Yo necesito decirte que estoy ahondada,
que en dobleces infinitos se pliega mi alma,
que en palabras marchitas enmudece mi voz,
que necesito decir que no sé qué soy...
que no puedo definirme si no te pienso
que vienen a mí dulzores extraños,
que mi cuerpo se revuelca en tu veneno,
que mi silencio se ha vuelto huraño...



Yo necesito decirte que estoy perforada,
que una fisura ha atravesado mi alma,
que me desintegro en cada mirada,
que necesito decir que no sé qué mirar
que vienen a mí estremecedoras sensaciones,
que me diluyo en tu voz clarísima,
que duermo silenciada sobre mis tentaciones...

Yo necesito decirte que estoy desarmada,
que caigo sobre la alfombra desmembrada,
que la memoria me desolla, me desgarra,
que necesito decir que no sé qué decir...
que no puedo constituirme si no es a tu alrededor
que vienen a buscarme los deseos prohibidos,
que me pulverizo en un mar de contactos,
que solo me integra un trozo de olvido...

YO necesito decirte que estoy hundida
en la extrañeza de la oscuridad,
donde me vigila como un monstruo gigante
el eco rancio de tu perpetuidad!!!!!!




Paula

Profundos




La noche oscura me ha poblado.
Tus ojos son dos grandes sombras...
Vertiginosas y en haces opacos
se hamacan sobre mí.
Ven: acércate... quiero tomar tu rostro
entre mis manos, lo quiero,
lo quiero a él, así, profundo...
ahondado en mí y yo en él.
Ven toma mi rostro, mírame:
que esta noche que me viste el alma
se desvanezca, se deshilache...
y yo profunda y tú profundo,
volvamos a nacer.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Tuve un sueño donde tu boca...



Tuve un sueño donde tu boca
era la curva del infinito;
tus ojos, espejos enormes,
donde mis ojos hacían reflejo;
y tus manos, dos grandes tallos,
escurridizos, a esquejes semejantes
de larga plantas colgantes.
Enredada en el tronco de tu cuerpo
crecía la noche con suavidad.
Tuve un sueño donde tu boca
profería palabras tales secretos;
y cruzaba chillando en el cielo gigante
el ave gris del ignoto silencio.

Paula
Paula

Caminando en senderos que solamente conoce la noche



Caminando en senderos que solamente conoce la noche,
respiro el aroma húmedo de la soledad y sus brazos largos,
siento la caricia penetrante sobre mi rostro...y extrañamente
me siento feliz...feliz de ser, feliz de estar, feliz hasta del dolor...
Del agudo dolor del silencio, del terso dolor de las voces lejanas,
de los sueños que no fueron jamás y de aquellos que no serán.
Vivir es una mezcla de grandeza y abismo.

Paula